martes, 4 de diciembre de 2012

EL MISTERIOSO PROYECTO "HAARP"

 


En un apartado rincón de Alaska, un enjambre de antenas apunta hacia el cielo, pertenecientes al proyecto HAARP de la Fuerza Aérea norteamericana. Según las fuentes oficiales, se trata de un programa de investigación de la ionosfera; pero los escépticos denuncian que el proyecto HAARP es una poderosa arma militar capaz de controlar el clima mundial. ¿Cuál es el verdadero objetivo de este polémico emprendimiento?
Internet es un caldo de cultivo óptimo para tejer especulaciones y formular conjeturas que crecen y se multiplican hasta llegar a lí­mites desmedidos. En el caso de HAARP, si bien casi todos los sitios web "conspiranoicos" coinciden en asegurar que fue concebido como una tecnologí­a de control climático, muchos autores adornan esta afirmación con teorí­as de su propia cosecha. Por ejemplo, en Biblioteca Pléyades se dice que el transmisor del proyecto HAARP "puede emitir poderosas cargas electromagnéticas hacia la ionosfera que causan que se caliente y se haga un agujero no menor de 50 km de diámetro"; en Grupo Elron se transcribe un diálogo con L. Ron Hubbard, fundador de la Cienciologí­a, que mencionó que algunos cientí­ficos "están preocupados porque piensan que pueden llegar a causar grandes explosiones de vací­os por la fí­sica cuántica mal manipulada". Por su parte, Argemto denuncia que el HAARP fue el responsable de las inundaciones de la provincia de Santa Fe (Argentina) en el año 2003, en tanto que la inefable página Quién conspira llegó a titular uno de sus apartados dedicados al proyecto HAARP con la rimbombante frase "Guerra climática con tecnologí­a extraterrestre".


 
 
El hecho es que la situación aislada de sus instalaciones, la polí­tica de no recibir visitantes excepto una o dos veces al año y la inclusión en la desactualizada página oficial de HAARP de una rotunda negativa con respecto a las posibilidades de controlar el clima en su sección de preguntas frecuentes, no ha servido más que para alimentar las sospechas en sentido contrario.
Las teorí­as conspirativas que rodean al misterioso proyecto comenzaron a esparcirse en 1995 con la publicación del libro "Angels don't play this HAARP" de Nick Begich y Jeane Manning. Entre las propiedades atribuidas por los autores al proyecto HAARP, además de dedicarle un gran número de páginas a su supuesta capacidad de controlar el clima, mencionan su poder para interrumpir las telecomunicaciones en caso de conflicto bélico, su utilidad para comunicarse con submarinos, su conversión en el "rayo de la muerte" ideado por el fí­sico Nikola Tesla y hasta su aplicación como herramienta de control mental de las masas.




En definitiva, ¿en qué consiste el proyecto HAARP y cuál es su función? La idea central consiste en la investigación y estudio de los procesos que tienen lugar en la ionosfera, mediante el uso de un sistema transmisor de ondas de alta frecuencia. Aunque la potencia total del transmisor es de unos 4 gigawatts, lo que a primera instancia parece un valor considerable, la intensidad de la señal al llegar a la ionosfera es decenas de miles de veces inferior a la radiación electromagnética que llega a la Tierra desde el Sol, y cientos de veces menor que las radiaciones ultravioleta presentes en la ionosfera.
No sólo la potencia de transmisión de HAARP es insuficiente para fines bélicos (y mucho menos para controlar el clima de alguna manera); sucede que sus antenas no son orientables, sino que mantienen una posición fija e inamovible, con lo que resultarí­a imposible "apuntar" hacia la provincia de Santa Fe en Argentina o hacia Melilla en el norte de Africa, con el objeto de provocar alteraciones climáticas. El proyecto HAARP ni siquiera es único en su tipo: existen instalaciones con fines similares en Noruega y Rusia, que operan tranquilamente y sin provocar ningún revuelo.


 
 
Hasta el momento, el logro más resonante de HAARP se produjo a fines de 2004, cuando al excitar con sus emisiones los gases de la ionosfera consiguió producir en el cielo algunas chispas de intenso color verde durante pocos segundos, mediante el mismo principio fí­sico por el cual alumbran las luces de neón. El efecto fue ampliamente publicitado como la creación de una "aurora boreal artificial", lo que sirvió para seguir alimentando la imaginación de los amantes de las teorí­as conspirativas.