domingo, 6 de enero de 2013

AOKIGAHARA JUKAI, EL BOSQUE DE LOS MUERTOS

      Aokigahara Jukai, o Mar de Árboles es un bosque que se encuentra al pie del Monte Fuji y está lleno de leyendas. Localizado en la vertiente noroeste de la montaña, Aokigahara Jukai es un bosque nacido de un torrente de lava durante la erupción del Monte Fuji en 864.

 
      El bosque es conocido por ser un popular lugar de suicidio en Japón, probablemente es el lugar del mundo donde más gente se ha suicidado después del puente Golden Gate de San Francisco.
En el Japón feudal del siglo XIX, cuando las hambrunas y las epidemias azotaban a la población, las familias más pobres abandonaban a su suerte a los niños y a los ancianos que no podían alimentar, en el Aokigahara.
      Su fama como lugar de suicidio quizá se deba a que en 1960 se publicó la novela Nami no Tou de Seicho Matsumoto, en la que al final de la obra dos amantes se suicidan en el bosque. Además, en 1993 se publicó El completo manual del suicidio de Wataru Tsurumi, una guía para suicidarse donde recomienda este bosque como un lugar idóneo para quitarse la vida.
A pesar de su corta historia (1 200 años de existencia) y su superficie (3 000 hectáreas), la profundidad del bosque se hizo famosa a través de las leyendas y fenómenos misteriosos que ocurren.
3 000 hectáreas es un área que normalmente se puede recorrer de un extremo a otro a pie tres o cuatro horas. Sin embargo, en este bosque extraño, la tarea es imposible. La leyenda dice que aquellos que lo intentan nunca regresan. Sus esqueletos, o su cuerpo medio comido por “algo”, se encuentran regularmente en el bosque profundo y oscuro.
 
 
      Hoy en día, muchos excursionistas han perdido su camino, y aquellos que van en su busca corren el mismo destino. Sus huesos acaban formando parte del paisaje.
      En este bosque, las brújulas pierden el norte con una diferencia de 90 grados norte. Aokigahara es tan denso que la luz del sol penetra difícilmente, por lo que es imposible guiarte por la posición del sol, porque si levantas la cabeza, sólo se ve un pequeño trozo de cielo.También se ha constatado el mal funcionamiento de las herramientas de medición digital como el GPS. Según un mito popular, los yacimientos de hierro magnético que hay en el lugar serían los responsables de que las brújulas y los GPS dejen de funcionar.
      Si nos fijamos antes de caminar en línea recta, es probable que resbalemos y caigamos, pues el suelo parece sólido cuando en realidad, es a menudo 30 o 40 cm más bajo, debajo de una alfombra de raíces y hojas, que crean un lienzo dando la ilusión de un terreno perfectamente plano.
 
 
      Además, este bosque tiene muchas cavidades grandes y profundas formadas por la propia naturaleza de su base que es como la lava. Estas grietas se abren, entre el musgo y la vegetación. Es muy fácil caer y se termina dándose de bruces con los esqueletos allí podridos a lo largo del tiempo. De ninguna manera el rescate es posible si uno está solo.
 
      Muchas historias mencionan también a las personas que fueron testigos de terribles apariciones fantasmales. Sin duda, son los espíritus de los suicidados que fueron condenados a rondar por el bosque sombrío, para la eternidad. Aokigahara es considerado el sitio más frecuentado de Japón.
 
      Dicen que este lugar es el purgatorio de los Yurei, fantasmas vengativos que han sido arrancados de la vida demasiado pronto por una muerte violenta como el suicidio o el asesinato. La religión sintoísta se basa en la creencia de la existencia de una infinidad de espíritus y dioses que es aceptada por más del 80% de los japoneses.
 
      Los Yurei gritan su sufrimiento a través del viento. Los espiritistas dicen que los árboles están imbuidos de una energía malévola acumulada durante siglos. Esta energía viene naturalmente de todos los desgraciados que se han suicidado.
 
 
      Los guarda parques que trabajan allí, a veces caen sobre los cuerpos muertos en estado de descomposición, de los ahorcados parcialmente comidos por los animales.
 
      Hay grupos de personas que regularmente limpian el bosque de esqueletos y cadáveres. Con el fin de no perderse, estos grupos especializados se guían con cintas de plástico. Estas cintas se depositan en los caminos desde el lugar en el que se encuentra el cuerpo hasta el punto de partida. La infinidad de cintas existentes, indican el número de cadáveres allí encontrados. Las cintas no se quitan por si algún excursionista se pierde y gracias a éstas pudiera volver al camino.
 
 
      Debido a la alta humedad y a la gran población de aves y vida silvestre, los cuerpos se pudren con mucha rapidez en el corazón del laberinto de setos. Un informe menciona a una mujer hallada tres días después de su muerte. Su cuerpo devorado por las hormigas y roedores se encontró totalmente irreconocible.
 
 
      Desde la década de 1950, más de 500 personas han perdido sus vidas en el bosque, la mayoría por suicidio, con una media de 30 años de edad aproximadamente. En 2002 fueron encontrados 78 cadáveres en el bosque, remplazando el anterior récord de 1998 de 73, y en 2003 la tasa ascendió a 100 personas.
 
 
      La alta tasa de suicidios ha hecho que se designara a operarios para que colocasen carteles en el bosque, tanto en japonés como en inglés, con el fin de que aquellos que vayan con el propósito de suicidarse busquen ayuda.
 
 
      Las batidas para la búsqueda de cuerpos se lleva realizando desde 1970. Unos 300 operarios se adentran anualmente en el bosque para localizar los cadáveres que no han sido encontrados por los visitantes y guardias forestales. Incluso la policía patrulla los alrededores en busca de posibles suicidas.

      Un lugar tan bonito como macabro por la interacción entre el bosque y los restos de tantas y tantas personas.